Soy una gran devota de la forma más amplia de esa mitología intima que otorga sentido a mi intima perspectiva sobre el mundo y la realidad. En ocasiones, me dejo llevar por el intrincado tejido de mis conjeturas, de mis ideales dioclesianos, en busca del origen de mis creencias y convicciones. Supongo que todos hemos experimentado alguna vez, el vértigo de una elipse rutilante, formada por nuestros pensamientos, ideas, sentimientos y más allá, esa razón primigenia que muchas veces ignoramos por el simple hecho que las ideas que en allí se conciben, carecen de la lógica social que nos ha sido inculcada durante años. En brujería, se suele decir que para comprender el valor de nuestro espíritu, en primer lugar debemos destruir las columnas y paredes que sostienen nuestra idea más amplia de realidad. Comenzar a crear desde una ínfima grieta de pura incoherencia y a partir de allí, devastar cualquier certeza, conclusión y pensamiento anterior, el rostro vivo de lo que consideramos conciencia cultural. Muchas veces he imaginado ese proceso como una explosión silenciosa de pura luz: un instante cegador de energía - la comprensión, un ingenuo temor - y después, tierra arrasada, yerma y expectante. El despertar de un rayo de sol imposible, la idea renaciendo lentamente, a partir de la nada - el dios primitivo y creador abriéndose paso en nuestra memoria - y por último, el primer hálito de nueva vida - el circulo de fuego incandescente, en medio de la oscuridad de la razón - abriéndose paso, tumultuoso y falaz a través de todas nuestras convicciones.
El génesis de un pensamiento renovador, quizá. El despertar de la voz creadora en nuestro espíritu.
Dice la sabiduría popular:
"En el principio no era el verbo, dice la Tradición de brujería en la que me eduqué, sino el útero. El huevo cósmico de donde surge toda la vida. De las aguas primordiales emergió la Diosa Origen y parió el cielo y la tierra, la pareja sagrada, los hermanos gemelos, hombre y mujer, que también son amantes, consortes, creadores como su Madre de todo lo que cambia y lo que permanece. Los antiguos la vieron como pájaro o como serpiente, con la vulva expuesta y abierta como una puerta al útero sagrado de donde todo sale y a donde todo vuelve y se regenera. Así la concibieron en distintos rincones del mundo, fue el centro religioso y cultural de los antepasados humanos durante el Paleolítico Superior y en las culturas agrícolas del Neolítico, del 20 mil al 3 mil antes de la era cristiana, cuando se impusieron las culturas e imperios clásicos de orientación masculina y la difusión del monoteísmo del Dios Padre (judío, cristiano o islámico), según consta en el Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas de Torcuato Di Tella, Emecé editores. Estas comunidades

rehelénicas, precélticas, prehindúes, etc.- que adoraban a la Diosa no eran matriarcales ni patriarcales, eran matricias, porque todos asumían su origen en una Madre, pero ninguno estaba sobre el otro, no había más fuertes y más débiles porque las debilidades de uno eran la fortaleza de las otras. Y viceversa. Pero todo eso fue arrasado, oscurecido, violado como los hombres violan a las mujeres, como Zeus fuerza a Hera, la diosa del cielo, y a Europa, Asteria, Leda, Némesis y a otras mujeres, diosas y ninfas que habitarán el Olimpo bajo las reglas del todopoderoso Dios del Trueno. Lilith fue ignorada como primera esposa de Adán, hecha de barro igual que él, desterrada por haber querido ponerse encima de él durante el acto sexual. A Eva, la segunda, el Dios Padre la sacó de una costilla esperando obediencia. Y no, la malvada serpiente la tentó y la mujer fue expulsada del Edén, condenada a parir con dolor, heredando desde entonces a su descendencia el pecado original. La religión judeocristiana, tal como la conocemos, sería sólo una manifestación más del patriarcado, según las sacerdotisas y adoradoras de la Diosa. Una manifestación poderosísima a la luz del modo en que se ha impregnado en el imaginario colectivo. Para ellas, la serpiente, lejos de ser malvada, es una Diosa dadora de conocimiento. Las brujas, asesinadas brutalmente durante siglos, no son más que chamanas, hijas de la Diosa como todas las mujeres y los hombres aunque ellas comprenden mejor de qué se trata el ciclo de la vida, porque en su cuerpo algo renace y algo muere mes a mes. Entonces el culto a la Diosa no sería más que una vuelta al origen. Una vuelta al cuerpo, a descubrir en el cuerpo de las mujeres el secreto de lo sagrado, la generación de la vida. Vida y la idea, el pensamiento raquídeo, la luz bendita del vientre fecundo de la divinidad más personal."
Sonrío, de pie en mitad del valle de mis pensamientos. Una noche oblonga y espléndida termina y la luminosidad de un sol onírico, impregna mis pensamientos con lentitud, derramándose en todas direcciones, palpitante y fragante a partir de mi espíritu, de mi necesidad de crear y comprender.
Así sea.


En medio de la diversidad

Tiempo sin saber de ti...
No te he olvidado y me apasionan tus fotos, tanto que deseo hacer unos collage con ellas.
No me olvides.
Te abrazo
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El motor de todo es el rock and roll
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Saludos
Buena luna y muchos saludos!
Rocío.
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